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Hoy hace exámen extraordinario el último de los alumnos pendientes de mi clase... Los otros o ya pasaron o repetirán la materia el próximo semestre.
La cita era a las 6:00 pm, pero por asuntos que tiene con otros maestros -es toda una fichita- ha llegado a las 6:40.
En el centro de cómputo de un centro universitario de vacaciones, es normal que esté tan vacio. Sólo mis teclazos en este post se oyen y hacen eco opacando los tímidos comandos que el susodicho escribe con tanta duda.
Ni a mi ni a él nos extrañará que termine formando parte del grupo de los reprobados... el hecho de haber aceptado darle una última oportunidad, fue solo por no dejar de parecer un maestro "buena onda".
Es un hecho que esto es toda una farsa. Una obra teatral que pronto se convertirá en tragedia. Espero con ansia el momento en que termine su exámen y me dé el gusto de llamarme para ir a revisarlo. Ahí si voy a ser implacable.
Sin duda me pedirá piedad, pero la clemencia es sólo para los que la merecen.
"Trabajo todo el día, profe!"... Ha sido su excusa durante todo el semestre para faltar a clases y no hacer las tareas. En este momento mi hormona del sadismo ha alcanzado ya sus máximos niveles y estoy hambriento por destrozar un programa que dificilmente tendrá forma de programa.
Temo no poder aguantar la carcajada satánica y humillar aún más a mi inocente víctima. Me siento derrepente el vampiro de la programación.
Por otro lado, es posible que todo ese tímido pero rítmico tecleo que no ha cesado desde hace ya un buen rato, pueda tener algo de coherencia. Con la intención de ser más indulgente, le pedí que resolviera un problema que habíamos resuelto en clase.
¿Qué tal si memorizó las notas y los programas del semestre? ¿Qué tal si en esa mirada fija robotizada que mientras programa, se esté gestando el plan para burlarse de mi tan sencillo exámen final? ¿Y qué tal si aprueba el curso teniendo sólo un 20% de asistencias?
¿Y qué si el que rie al último ríe mejor?
Los minutos corren a una velocidad fuera de lo normal. Creo que el tiempo está de su lado.... -¡Diablos! Notó que lo observaba...- ¿Pues qué tiene? Soy el maestro, ¿No? ¿Estará terminando el exámen?
-Volvió a mirarme y volvió a notar que lo miraba con cierta agudeza.
-"¿Puedo poner un poquito de música?. Programo mejor y más relajado cuando oigo música...".
-Claro. Asentí.
Pero ese "Claro", no era más que mi temor a ser vencido. Todavía le doy la oportunidad de tararear en inglés su himno de la victoria.
Lo noto muy tranquilo. Eso me pone nervioso. Sólo dos filas de computadoras nos separan y parecemos en dos mundos diferentes. El, por un lado, parece tener la situación controlada... yo, por mi parte, no tenía previsto que tanta tranquilidad fuera a estar de su lado.
Mis preparados discursos de honestidad, mis negativas al soborno y mi corazón duro ante tan lastimosos ruegos, simplemente no serían necesarios ante un estudiante que frente a mí, esbosa una sonrisa casi diabólica.
Han pasado ya varios minutos en los que el ritmo de sus teclazos ha ido a la baja. ¿Estará ya revisando los últimos detalles? ¿Estará decorando su programa?
Nunca había odiado tanto a "Guns and Roses"... Pero derrepente, un acorde dulcezón y caricaturezco sonó justo en medio de "November Rain"... Ese acorde que contrastó tanto con la guitarra no era otro que el aviso de que un contacto de MSN había enviado un mensaje instantaneo.
Me paré de inmediato.
Su cara desencajada mostró el asombro que hubiera tenido si hubiera visto al mismísimo chamuco.
Titubeó y le costó trabajo encontrar el mouse que parecía escondérsele de su mano fría de miedo.
-"¡Ni te atrevas!" Me aproximé a él como si se tratara de un asesino peligroso, cuidando en todo momento los movimientos de sus manos que sudaban sin parar.
Seis pasos fueron suficientes para llegar a su monitor y encontrar en su ventana de MSN una frase que le pedía aceptar un archivo de nombre "examen.CPP".
Detrás de esta ventana, su correo y una página de patinetas figuraban entre un caudaloso vertiente proveniente del internet. Ni siquiera el editor de "C" estaba abierto. Dudo que lo hubiera podido encontrar aunque se lo hubiera propuesto.
Mi risa, apesar de tanta práctica, no sonó tan macabra, pero me reí lo suficiente como para decir sin palabras "ya te chingaste".
-"¿Me va a chingar, profe?". Nunca había dicho tanto ni con tanta claridad con mi risa.
-"Ajá". Dije sin más remordimientos.
Él, sin mucha preocupación que digamos, agachó sus pelos parados y mientras cerraba su sesión y todas sus ventanas, me dí cuenta de lo cerca que estuvo de concretar su crimen.
Hubiera sido un crimen perfecto.
Sin huellas.
Pulcro.
Habría pasado mi materia sin más cuestionamientos y quizá yo habría sido el humillado. No se habría cansado de burlarse a mis espaldas.
Subir el volumen del altavoz fué su error. Ni siquiera tuvo la paciencia para esperar la respuesta de "volador_874" sin escuchar música.
Apesar de los buenos deseos de su cómplice, y de su última frase de "suerte!!!
", le hizo falta más que eso.
Ha salido del centro de cómputo y se despidió de mí sin la menor señal de rencor. El sabe que en el mundo de los delitos informáticos, a veces se gana, otras, se pierde.
Me siento un héroe digno de su propio comic. Soy un profe duro de engañar. Ahora no soporto las ganas de llenar las listas definitivas para poner en su renglón: "REPITE".
Ser maestro tiene tambien sus buenos ratos.